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La magia de M.C. Escher
15 diciembre 2009

Die Magie des M.C. Escher
J.L. Locher (editor)
2000

No vengo aquí, a estas alturas, a descubrirle a nadie el insólito y en muchos aspectos no superado talento de M. C. Escher, el popular diseñador y dibujante de trampantojos e imposibilidades visuales. Un talento que es el que ha conseguido que Escher entrecruce los criterios estéticos de los matemáticos, los informáticos, los geeks y, por otro, lado los fanáticos de la exaltación de la pura estética, sin devaneos narrativos ni justificaciones circunstanciales. Y en ese cruce inesperado reside la pasión de ambos grupos por la búsqueda de lo exacto. Y su traducción a imágenes.

Escher siempre indagó, todos lo sabemos, acerca de grafismos que tenían un origen matemático: paralelismos, reflejos, distorsiones progresivas, mutaciones de ritmo implacable. Esa obsesión por la cuadratura del cuadrado queda perfectamente reflejada en el estupendo La magia de M. C. Escher, que editó Taschen hace unos años. Además de servir como galería de todos los grabados del autor, también recopila citas del holandés, escritas a sus hijos y su representante en cartas, o pronunciadas en charlas y reflexiones en distintos ámbitos sobre su obra. El libro se completa con curiosos bocetos de sus obras más importantes, donde se puede contemplar todo el proceso creativo de sus disparates visuales. Pero es en sus citas donde descubrimos qué pasaba por su cabeza cuando abocetaba esos mosaicos matemáticos que luego convertiría en escaleras imposibles, mutaciones en continuo movimiento o mosaicos de la naturaleza. Y así descubrimos a un perfeccionista hasta un grado de insólita autotortura: como el matemático disfrazado de artista (o viceversa) que Escher era, buscaba la perfección para disfrazarla de figuración,y así conseguir que todo el mundo la entendiera. Convertir esas derivadas al infinito que él tenía en la cabeza en algo atractivo y asimilable por quienes le rodeaban. Lo consiguió, claro que sí, pero él nunca lo creyó del todo: estaba más contento con sus grabados según más áridos e inexcrutables eran, y nunca acabó de creer que plasmaba correctamente en dos dimensiones la compleja perfección gráfica que generaba su cerebro.

Infatigable, neurótico y desbordante de talento. Y hay quien le niega la categoría de artista…