South Park – S01, E07 – Pinkeye

(Aviso para navegantes: La serie de posts sobre South Park fueron publicados en EliteVisión, y por ello se salen parcialmente del espartano aspecto del resto de Dosis Mínima. S01 quiere decir Season01, es decir, Temporada 01)

La significativa captura de arriba, en la que vemos a cuatro niños, uno disfrazado de Hitler, otro de Chewbacca, otro de Raggedy Andy y otro convertido en un zombi, resume con singular fortuna los mejores valores de South Park: iconoclastia militante, valor para ponerla en práctica, posmodernismo bien entendido y sentido del humor bilioso. Podría detener el análisis de Pinkeye (el precioso término inglés para conjuntivitis) justo aquí, porque el inigualable poderío conceptual de esa imagen, enloquecida e inexplicable, en un mundo ideal permanecería virgen y sugerente, escupiendo dos conceptos de inadmisible poder icónico, aberrantes e intranquilizadores, a las seseras del espectador, como son el niño-Hitler y el niño-zombi.

El tema de Pinkeye, pues, es el potencial subversivo de la infancia como receptáculo del mal. ParkerStone volverán sobre el tema a menudo, convirtiendo a los niños de South Park en espejos deformantes de los pecados de sus mayores, pero esta vez lo plantean de un modo más icónico y genérico, y lo hacen reventando, para empezar, la convención más sagrada que lleva instaurada South Park en sus cinco previos episodios y que se prolongaría a la primera tanda de temporadas: la muerte de Kenny. En Pinkeye, Kenny muere nada más comenzar el episodio, invirtiendo así el orden natural de sucesos habituales en la serie, y es llevado a la morgue, donde se convierte en un zombi al mezclarse los fluidos de embalsamado con salsa Worcestershire. Este punto de partida, junto a parte del desarrollo argumental del episodio (Kenny resucitado, la llamada a la línea de ayuda de la salsa, los protagonistas atrapados en la morgue) lanza dos discursos fundamentados en la mitología zombi, complementarios y que demuestran que Parker y Stone conocen perfectamente la naturaleza del material que se traen entre manos.

Primero: la idea del niño zombi, de considerable potencia subversiva, es uno de los iconos más reconocibles del cine moderno de muertos vivientes. Se inauguró en la fundacional La Noche de los Muertos Vivientes, con la niña encerrada en el sótano que acaba devorando a sus padres, desprovista de todo asidero moral, representando el giro hacia el simbolismo que George A. Romero inyectó en el monstruo y del que South Park hace bufo eco con su Kenny, siempre víctima de la ineptitud y la desidia de los adultos del pueblo. Que sea Kenny quien desencadena la epidemia es, más que un guiño a Romero, una reverencia hacia uno de los primeros autores que supo ver el potencial corrosivo de los niños y hacia quien ParkerStone, obviamente, se sienten en deuda.

Segundo: ParkerStone son heterodoxos hasta para esto, y la referencia primordial hacia el cine zombi de Pinkeye no está dirigida hacia la indiscutible La noche…, sino hacia su secuela alternativa El Regreso de los Muertos Vivientes, un clásico del mejor terror juvenil de los ochenta, dirigida por el iconoclasta Dan O’Bannon en 1985 y cuyo mayor valor, frontales de Linnea Quigley aparte, es la consideración de que La Noche de los Muertos Vivientes no era una película, sino un documental hecho pasar por ficción para tapar los errores gubernamentales que generaron el apocalipsis zombi. La película arranca en una morgue, cuando un despiste con unos residuos tóxicos desencadena un contagio zombi que será cortado de raíz en un final, si me permiten, de espíritu muy South Park. La referencia a la película de O’Bannon no es casual: la ambientación en el depósito, la llamada al número de ayuda, la importancia nuclear del muerto que lo generó todo, el chiste en el que los doctores describen los síntomas de la zombificación, todo remite a una película que reformuló las coordenadas del cine de género a través del humor y replanteó las fórmulas de la sátira con un estilo que bebe de la revista MAD y sus innumerables imitadores, y que supone una influencia clarísima para el tipo de parodia referencial que gusta en South Park.

Zombis aparte, Pinkeye brilla clarísimamente dentro de la mitología de South Park por otro elemento: Cartman se disfraza de Hitler en Halloween. Con un disfraz que le ha hecho con amor su mamá, esa puta de crack, y de cuyo componente desestabilizador no parece ser muy consciente. En una primera lectura, podría parecer que ParkerStone se abrazan a la desafiante inocencia de Cartman: si el resto de sus compañeros se disfrazan de wookie, ¿por qué no puede él hacerlo de un personaje histórico que en la frívola noche de Halloween está desposeído de todo componente político? Pero ParkerStone nunca hacen nada de forma inocente, y el secreto está en la reacción de todo adulto que ve el disfraz de Cartman: entre gritos e indignación, Cartman recibe una inesperada oleada de reprimendas, tirones de orejas, amenazas y miradas de horror (sublime el momento en el que la directora del colegio lo lleva a rastras a su despacho mientras Cartman grita como una cerda degollada, le pone un vídeo educativo sobre Hitler y le intenta disfrazar de un fantasma… que en realidad le hace parecer un miembro del Ku Klux Klan). El sentido de ese disfraz tiene algo de metalingüístico desde el momento en el que parece que está ahí solo para provocar al espectador: «Mirad», dicen Parker y Stone, «un niño disfrazado de Hitler. ¿Qué os parece?». La respuesta no es fácil, pero tampoco se equivoquen: es que la pregunta es muy complicada.

Pueden ver Pinkeye aquí

ANEXO PINKEYE
1.- Hoy he aprendido algo:
«Halloween no solo consiste en disfrazarse y pedir caramelos», dice Stan. Kyle replica: «Eso es Navidad». Resulta que al final, Halloween sí que era eso. Este es el primer episodio de Halloween de South Park (hasta unos créditos ad-hoc tiene, en la mejor tradición televisiva), y sus creadores lo usan para volver a poner en evidencia a los adultos del pequeño pueblo. Mientras algunos de ellos se preocupaban por las consecuencias morales de que Cartman estuviera disfrazado de Hitler, los niños salvan el pueblo de un ataque zombi.

2. Han matado a Kenny: La primera frase del episodio (en inglés, antes hay un intercambio de insultos en falso ruso) es «Han matado a Kenny” – “¡Hijosdeputa!»ParkerStone dejan claro que hasta el latiguillo que se han autoimpuesto en cada episodio puede ser subvertirdo, y lo hacen inaugurando el episodio con él, en vez de dejarlo para el tramo final.

3.- Palo del episodio (y el mejor insulto es…): «Al menos mi madre no está en la portada de la revista Putas de Crack», referido obviamente a la madre de Cartman. Uno de los chistes recurrentes de la serie y uno de los detalles más perturbadores de uno de sus personajes secundarios tiene aquí su primer momento glorioso cuando, en un momento dado, el espectador puede ver efectivamente la revista Putas de Crack.

4.- Datos circunstanciales:
– El enano en bikini, una de las creaciones más memorables de esta primera temporada, es el enviado especial de la cadena nacional de noticias al siempre movidito pueblo de South Park. Es una clara sátira de la espectacularización banal de los informativos, y reaparecerá en el largometraje.
– Raggedy Andy y Raggedy Ann son populares personajes de la literatura infantil anglosajona, y francamente, se me ocurren pocos disfraces más humiillantes que ese. Cartman no lo arregla llamando a Stan, sucesivamente,Howdy DoodyHolly HobbiePippi Calzaslargas.
– Trey ParkerMatt Stone han confesado que vistieron a Cartman de Hitler como sincero homenaje a John Cleese disfrazado del dictador en Monty Python’s Flying Circus.

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