When the Bomb Goes Off

When the Bomb Goes Off
Tom Sennett
2009
Freeware (juégalo aquí)

Se dice que la muchachada indie tiene, a veces, demasiada jeta. Anima los gráficos de cualquier manera, invoca a la innecesariedad del argumento para no currarse uno y desarrolla mecánicas corruptas pero con tonos originales, clamando que lo importante es indagar la jugabilidad, no pulirla. Un perfecto ejemplo de todo ello podría ser Tom Sennett. En su When the Bomb Goes Off, imitando el ritmo febril de minijuegos a lo Wario Ware y con un acabado visual que parece haberse realizado con el MS Paint, elabora una sencilla pero arriesgada maniobra de atomización de la jugabilidad con reflexivos y simpáticos resultados.

When the Bomb Goes Off se controla con las teclas del cursor. Como en Wario Ware, se dispone de unos pocos segundos para averiguar qué se debe hacer y hacerlo. Normalmente, lograr que dos elementos de la pantalla se encuentren, o llevar a nuestro avatar de un lado a otro. Sin embargo, When the Bomb Goes Off aprieta las tuercas del concepto Wario Ware en dos puntos. Primero, no concede pausa al espectador: de la primera a la última prueba, todo hay que jugarlo de una sentada, con una escasísima pausa de un segundo (una explosión nuclear que certifica nuestro triunfo o fracaso) entre un minijuego y otro. A diferencia del clásico de Nintendo, no hay lugar para tomar aliento: una vez que arranca When the Bomb Goes Off, ahí hay que quedarse hasta el final, en el que se nos muestra el porcentaje, habitualmente ridículo, de juegos resueltos. El segundo punto en el que When the Bomb Goes Off excede y sobrepasa a su evidente modelo está en el acabado gráfico, que para nada es descuidado o precipitado: Wario Ware, a pesar de su gameplay descarnado, casi un «jódete» en los morros del malacostumbrado jugador narrativista, agua su propuesta con unos gráficos deliciosamente ramplones, pero sofisticados: homenajes a la era del píxel, animaciones calculadamente limitadas, búsqueda de efectos cómicos por la minimización de elementos… When the Bomb Goes Off se olvida de todo ello y prescinde de ornamentos gráficos. El resultado es que la jugabilidad, abstracta y pura, se presenta ante el jugador y le muestra sus armas desnudas (pero cargadas): un juego en el que una cincuentena de veces en un periodo de pocos minutos se vence y se pierde. Como no hay continuidad, los triunfos y los Game Over son continuos y perfectos. Uno detrás de otro, repitiendo en agotadora letanía de qué van (o iban) los juegos: de ganar o perder, ganar o perder, ganar o perder… en estos tiempos en los que los videojuegos ya no compiten con el jugador porque es imposible ser vencido, When the Bomb Goes Off no solo habla de cómo eran los videojuegos, sino también de cómo deberían ser.

3 comentarios

  1. Bueno, 36% en mi primera partida. No está mal.

  2. Bueno, 43%.

    Me descoloca la pantalla en la que el juego es otra pantalla… e inmediatamente me salta otra pantalla que emula Mario Bros.

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