Negra Navidad

Black Christmas
Glen Morgan
2006

Leo con cierto asombro las reseñas de este remake de la película que reseñábamos ayer, Black Christmas: anodina, dicen, vulgar, sin sorpresas. Curiosamente, todo ello en blogs y revistas especializadas en el género, lo cual deja meridianamente claro en qué tipo de seseras reposa la analítica del género. Negra Navidad no es en ningún caso una gran película, pero tiene el nivel suficiente de perversidad y ambiente malsano como para distanciarse de la producción media del cine de miedo. Se ajusta a los códigos del psicópata navideño, por supuesto que sí, pero aunque insiste en normalizar la chifladura de su precedente, también es verdad que el Black Christmas de Bob Clark es una bestia indomable. Con ese punto de partida, aunque Glen Morgan intente moderar los elevados niveles de insania de la película de 1974, algo queda. Y ese algo es lo mejor de Negra Navidad.

De nuevo tenemos una residencia de jovencitas (una de ellas, siento detenerme en esta cuestión, es una espectacularmente bella Michelle Trachtenberg, a la que solo puedo rendir respeto y devoción por aquí) acosadas por unas llamadas telefónicas hechas desde dentro de la residencia en donde están pasando la noche de Navidad. Por supuesto, la película hace ciertos malabarismos con la cuestión de los teléfonos móviles y con la posibilidad de que el receptor sepa quién es el dueño del teléfono que hace la llamada, pero tampoco insiste en elaborar un whodunit especialmente complejo. El motivo es que Negra Navidad, como la Black Christmas original, no quiere crear un misterio, sino recrearse en él. Negra Navidad está ensartada por un puñado de largos flashbacks contando la historia de Billy, el asesino que vivió encerrado en la casa durante años, y son lo más turbio del conjunto: incesto explícito, canibalismo festivalero, parricidio abundante… un cúmulo de disparates que no empañan el auténtico atrevimiento de la película: dura 73 minutos, rebosa violencia y barroquismo visual (como corresponde a los creadores de Destino Final) y va al grano con una prontitud y una honestidad encomiable. Rezumando cierta devoción por códigos pasados de moda, Negra Navidad pasa como una exhalación por nuestras retinas y al final del viaje, no puede decirse que no haya premio para el espectador: un montón de tías buenas despedazadas, comportamientos censurables, esquematismo argumental bien entendido y pasión por los clásicos. Como regalo de Navidad atrasado, está más que estupendo.

Una respuesta

  1. Tan indomable es Clark que el homenaje que le cascan en esta joyita frenética y barroca es el nombre del sanatorio.

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