El Bosque Maldito

The Woods
Lucky McKee
2006

Nunca fui fan de May, y quizás me equivoqué con ella, porque conozco pocas películas que despierten una adhesión comparable a esa: tibia en cualquier caso, pero sin fisuras. A mí en su día me pareció una bobada que citaba a sus fuentes (a las fuentes de Tim Burton, vamos) sin demasiado espíritu transgresor y sin la más mínima intención de matar al padre, que quizás fue lo que más me sacó de mis casillas. Reconozco que el tiempo me ha ayudado a difuminar tanta ira, y estoy dispuesto a darle una segunda oportunidad en breve a May, pero lo que sí es cierto es que el quizás injusto recuerdo es lo que me ha mantenido tanto tiempo alejado de El Bosque Maldito, estrenada en nuestro país directamente en DVD. Animado por la indiscutible pegada de McKee con su episodio de Masters of Horror, titulado Sick Girl (y que no tenía guión suyo), y por la entusiasta recomendación de Libertino («vamos: colegialas chifladas, ritos paganos y hachas… ¿qué puede salir mal?») me acerco a esta rareza forestal (que tampoco está escrita por él) con precaución pero sin prejuicios.

Y puedo decir, para empezar, que se nota en demasía los problemas que tuvo con la productora, que obligó a cortar hasta 84 minutos el metraje, dejando un conjunto deslavazado y sin nervio, con multitud de personajes secundarios a los que se les adivina una jugosa sustancia característica, pero que han salido mal parados de los hachazos de la sala montaje. Empezando por el claustro de profesoras y terminando por algunas de las alumnas, en cuyas miradas y frases se adivinan motivaciones que fueron asfixiadas en el corte final. Aún así, el resultado es intrigante, cita a sus maestros con mucho gusto (aún sin atreverse a asesinarlos, pero tomar como objeto de atención la Suspiria de Argento siempre es mejor que tomar las ridículas tesis del orgullo fric de Tim Bruton) y sabe qué teclas pulsar para que la intriga sea inquietante y malvada. No es nada original la trama de la alumna conflictiva (Agnes Bruckner) que llega a una exclusiva academia de señoritas y comienza a sospechar que tras las abundantes desapariciones y comportamientos extraños se oculta algo sucio, pero McKee opta a menudo por no subrayar demasiado la raíz del misterio y dejar que el espectador monte sus cábalas. Para emborronarlo todo, lanza pistas sobre cultos paganos que conectan en cierto sentido con otra rareza de ese año, la divertidísima The Wicker Man, y desdibuja los comportamientos de las adolescentes dotándolas de comportamientos erráticos e imprevisibles (de forma voluntaria, digo: una cosa es que haya personajes secundarios que seguramente estaban mejor desarrollados sobre el papel; pero se nota en la descripción de la pareja de protagonistas una intención voluntaria de que los misterios de la carne femenina sigan siendo… misteriosos).

En otras ocasiones, quizás por imposición de la productora, McKee explica el misterio en demasía: un flash-back bien feo, el tramo final con el regreso de los padres, las horrendas voces en off que susurran a la heroína desde el bosque… cuestiones que hacen de El Bosque Maldito una película fallida, como May, pero al menos esta tiene algo de lo que presumir. Personajes como el de la anciana profesora con el tic facial, malvadas observaciones sobre la faminidad y su dentado vaginismo, detalles como los exámenes que tiene que rellenar la protagonista para acceder a la escuela, inefables chorrazos de inquietud casi twinpeakiana como la versión de You Don’t Own Me de Lesley Gore poseída por los infames cánticos de la amiga de la protagonista… Razones más que suficientes para, esta vez sí, confiar en el buen hacer de McKee de hoy en adelante.

2 comentarios

  1. 84 minutos faltaban! osea que pudo ser peor!!?

  2. A mi me gustó un montón. Y ADORO May. No veo referencias burtonianas (¡nianoniano!) más allá de la muñeca y el golem. Eso, y que cualquier peli con banda sonora de las Breeders es imprescindible.

    En cuanto al Bosque, es verdad que se echan en falta trozos. Por ejemplo, Bruce Campbell aporta matices más allá de sus habituales bufonadas de la última década, pero no le dejan respirar. Con todo lo buena que es, la peli es casi un episodio de serie de terror con más medios de lo habitual.

    Que es lo que McKee terminó haciendo. Sigh.

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