The Punisher – «Niñas vestidas de blanco»

The Punisher MAX # 61-65
Gregg Hurwitz y Laurence Campbell
2008

La despedida de Garth Ennis del glorioso trono que ha defendido durante años y años al frente de la colección The Punisher en la línea MAX de Marvel ha dejado a la colección con una única solución de continuidad si no quiere hacer un ridículo tan espantoso como el de la fenecida última encarnación de Punisher: War Journal o el de determinados momentos (muy puntuales de momento) de la nueva colección Punisher en la línea Marvel convencional. Y es la de insistir en la contradictoria amoralidad de Frank Castle, en su devastadora asunción de que es una máquina de matar en una guerra a la que solo él le encuentra sentido. Es un personaje muy difícil de escribir con honestidad, de engañosa simplicidad y con el que hay que saber jugar con los resortes de los códigos genéricos para no perder nunca de vista el equilibrio entre lo icónico y lo iconoclasta.

Inmediatamente después de Ennis, asumió el papel de guionista de la serie Gregg Hurwitz, en un pequeño arco argumental de cinco números que ahora recopila Panini en nuestro país. Hurwitz es un autor de novela negra, hasta dónde yo sé, sin obras publicadas en España, que está abriéndose un pequeño hueco entre los guionistas de Marvel con incursiones en colecciones como Lobezno o Foolkiller, también de la línea MAX. El estilo de su historia, seco y sin espacio para las sangrientas ironías del último Ennis, es de una falsa sencillez: Frank Castle acepta el trabajo de investigar qué está pasando en un pueblo de la frontera mejicana, donde están desapareciendo todas las mujeres y las niñas, cuyos cadáveres son devueltos pocos meses después. Castle soluciona el misterio que parece que va a vertebrar toda la historia en el arranque de la misma, dejando al lector desvalido de espectativas, ya que posiblemente éste se esperaba un misterio en torno a las desapariciones, y la explicación queda rápidamente expuesta. Lo único que separa a ésta del final es a Punisher convertido en una apisonadora enfrentada a monstruos sin alma, con los que no tiene que cortarse un pelo. Excepto…

Excepto un pequeño interludio, a mitad de trayecto, en el que Punisher mata a una niña del pueblo por accidente. Un error que, con un concepto de la moralidad tan férreo y unívoco como el de Frank Castle sólo lleva a un lógico y devastador sentimiento de culpa sin aparente solución lógica. La resolución de ese interludio es inevitablemente decepcionante, pero demuestra lo que decía más arriba: para manejar a un personaje como Punisher hay que tener un fuerte conocimiento de los códigos narrativos. Hurwitz, como impone la lógica para quien está curtido en la novela negra, lo tiene, y eso le permite que a pesar de las exigencias industriales (seguimos hablando de un tebeo de Marvel, niños: lo de la niña muerta se soluciona como sólo puede solucionarse en estos casos), este The Punisher de Hurwitz es violento, contundente y deja un regusto amargo gozosamente desagradable. Las secuencias de acción están narradas con un pulso perfecto (el estilo estático y gigantista de Laurence Campbell ayuda a darles cierto ritmo cansado y épico), los diálogos son breves y sin florituras y todo encaja como un… puzzle. Lo que decía: nada como saber tirar de los códigos.

Una respuesta

  1. […] la cual apenas logró escabullirse entre lostentáculos de los Alebrijes gracias a las dos niñas vestidas de blanco que recorrían el paraje tomadas de la mano. En ese momento […]

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