Jackie Chan (6): Hiena Salvaje


Fearless Hyena
Jackie Chan
1978

Con el ritmo incansable de la producción hongkonesa de los setenta, a causa de la cual un actor de éxito podía rodar fácilmente cuatro o cinco películas al año, Jackie Chan se embarca en su primera película como director, muy dependiente del monstruoso éxito de La Serpiente y El Mono Borracho Es el maquiavélico Lo Wei quien le reclama y saca de Seasonal, pidiendo disculpas por las trastadas del pasado y garantizando a Chan un sueldazo acorde a su nueva condición de estrella, libertad creativa dentro del estricto marco de ética exploit que caracteriza al cine de género de la época y una renovada confianza en sus posibilidades, que se traducen, por ejemplo, en la financiación de un arreglo dental y una operación de desorientalización ocular que llevó a Chan a adquirir, tras pasar por el quirófano, un aspecto algo más occidental.

Por algún motivo, la jugada no terminó de salirle bien a Lo Wei, que aparte de un bastardo ambicioso parecía ser también un gafe de cuidado: Fearless Hyena (distribuída en vídeo en nuestro país en una versión mutilada como Hiena Salvaje) se adscribe al canon fundado por el propio Jackie Chan para Seasonal a las órdenes de Yuen Woo-ping, pero la película fue incapaz de replicar el éxito de sus precedentes. La causa, posiblemente, es que Hiena Salvaje carga las tintas con respecto a su modelo en todos los sentidos posibles. El resultado es una película extraña, claramente de transición, sin decidirse a ser completamente renovadora, pero en la que Chan, como director, coreógrafo y protagonista, parece tener claro que hay territorio que explorar más allá de los argumentos de venganzas entre clanes y los entrenamientos desnortados.

Aparentemente, sin embargo, se ajusta a la oleada de maestros borrachos imitadores que desató el éxito de Drunken Master: Chan da vida a Lung, un joven imprudente e impulsivo, perfectamente intercambiable con el Wong Fei-hung de su película anterior, que vive entrenando kung fu con su abuelo y ganándose un dinero extra como inofensivo matón para una escuela de artes marciales de baja estofa. Pero cuando un general de la dinastía Ching descubre, gracias a la poca prudencia de Lung, dónde se refugia el abuelo, mata al anciano y desencadena la furia oriental, la sed de venganza, el entrenamiento deslomador y la catarsis final de Lung. Si escrito resulta esquemático, filmado Chan extrema los tópicos hasta el paroxismo: prefiere centrarse en la comedia intrascendente (no una comedia centrada en desarrollar personajes y personalidades, como en Drunken Master, sino comedia pura y sin objeto) que en el conflicto dramático, que no sucede hasta pasada una hora de metraje. En los treinta minutos finales, Chan clama venganza, entrena, descubre los secretos del kung fu emocional y venga a su abuelo, en uno de los desequilibrios de tono más insensatos del subgénero de kung fu cómico, y posible responsable en buena parte de que la película no fuera un éxito. El desconcertado espectador es bamboleado de un registro a otro sin piedad, y aunque comedia y acción no están tan excepcionalmente hilvanados como en El Mono Borracho en el Ojo del Tigre, donde se mezclaban a veces en una parodia que destrozaría cualquier pretensión seria del género en Hong Kong hasta entrados los ochenta, la intención de Chan aquí no es menos honesta y transparente: reducir el componente dramático de los tópicos del género hasta el esquematismo absoluto, despojándolos de todo sentido. De acuerdo, hay maestro / familiar muerto, pero todo sucede a tal velocidad y con una falta de respeto por una ordenación lógica de los clímax o por simultanear registros con cierta sensatez que se percibe una clara intención desestructuradora por parte de Chan de un estilo que se le había quedado pequeño. Chan ya no solo destroza los códigos introduciendo un inesperado y sabio componente cómico en los argumentos clásicos, sino que lanza una carga de profundidad a la propia estructura narrativa del género.

Fearless Hyena, a pesar de su desconcertante ritmo (o quizás gracias a él: es capaz de tumbar todas las defensas del espectador escéptico), sigue progresando en la búsqueda de Chan de un estilo de combate contundente pero humorístico, en el que dolor y carcajada se den la mano sin que resulte artificial. Lo consigue aquí con los combates que hace disfrazado de mendigo o de mujer, más parodias acrobáticas que luchas en estado puro, pero hay que asumir que no veremos a un Chan combatiendo a pleno rendimiento hasta unos años después, cuando se encontrara con sus viejos amigos Samo Hung y Yuen Biao, dejando atrás casi definitivamente la ambientación dinástica: durante unas cuantas películas a partir de Fearless Hyena, Chan se centra más en dotar a las peleas de un componente acrobático o humorístico. Muy notable también es la presentación del kung fu emocional, un estilo de lucha conscientemente ficticio en el que Lung deja que sus movimientos sean conducidos por cuatro emociones: ira, alegría, felicidad y tristeza, siendo esta última un hilarante muestrario de llantos fingidos, cuerpos que se desploman sin fuerza y un ejemplo primitivo de cómo más adelante en su filmografía, Chan ensayaría formas de comunicar emociones sin dejar de pelear. Sin embargo, la función del kung fu emocional es aquí algo más contundente: a diferencia de El Mono Borracho… y La Serpiente…, en el enfrentamiento final Chan no vence con conocimientos de combate más o menos cómicos, pero convencionales en el fondo, sino que pone en marcha un estilo contra el que no sirven los recursos del kung fu clásico: abraza a su contrincante para no dejarle espacio, le grita, huye, le marea de muy diversas maneras no para demostrarle una superioridad técnica, sino para impedirle pelear correctamente. Chan ha demostrado que por la vía del «todo vale» puede reformular la expresividad del cine de kung fu clásico. Y lo hará.

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