Jackie Chan: Intro

(Nuevas series en Dosis Mínima. En realidad, un modo de pasar estas Navidades sin sufrimientos ni nuevos huecos en la cadencia diaria. Reimprimo aquí las primeras entregas del repaso a la filmografía de Jackie Chan comenzada en El Focoblog. ¿Lo bueno? Que en El Focoblog me quedé justo en lo mejor, así que para después de Navidad, les esperan algunas de las mejores películas de kung fu de todos los tiempos)

Hay dos tópicos acerca de Jackie Chan que en este repaso a su filmografía nos vamos a asegurar de esquivar cuidadosa y, al igual que todo lo que se hace en Dosis Mínima, graciosamente.

– Primero: lo bueno de las pelis de Jackie Chan es que en ellas hay acción y comedia.

No sean zafios: eso es como decir que lo bueno de Woody Allen es que mezcla comedia y actores con gafas. Por supuesto que las películas de Jackie Chan tienen elementos de comedia y de acción, pero no superpuestas, sino entrelazadas. La gracia de sus combates no está en que el chino que está peleando pone caras raras y se cae de culo, sino en que esa caída procede de un túrmix único de influencias no exclusivamente orientales.

– Segundo: lo bueno de Jackie Chan es que él hace sus propios stunts y escenas de riesgo.

¿Les digo que no sean zafios y me vienen con esta paletada? Independientemente de que las famosas tomas falsas de los créditos finales de las películas de Chan sean, en mucho de los casos, precisamente, falsas, este detallle no es más que una fantasía construida a medida de los fans que, de acuerdo, contribuye a cimentar la leyenda del actor (a la altura de «Bruce Lee se aplicaba corrientes eléctricas para pelear más rápido»), pero hace perder la perspectiva. Como sabe cualquier espectador a quien se le hayan salido los ojos de las órbitas con alguna entrega de Ultraforce, lo importante no es si es realmente Jackie Chan o no el que salta desde lo alto de la torre, sino que alguien salta desde lo alto de la torre. Con esta nueva serie de Dosis Mínima intentaremos explicar por qué es revolucionario para la narrativa del cine de acción que alguien se pegue la hostia de su vida en plano secuencia. El propietario de esa hostia es lo de menos.

jackiejuego.gifAntes de entrar en materia, algo de material biográfico. No se apuren. Sólo una pequeña dosis de infancia desgraciada y bullying oriental por aquí. Simplemente, vamos a repasar las primeras y menos interesantes películas de Chan, y vamos a lanzar algún dato vital de (vital) importancia.

Jackie Chan Kong-sang nació en 1954, retoño de una familia tan pobre que casi lo venden al doctor que ayudó a alumbrarle. En 1961 entró en la Ópera de Pekín, mazmorra de torturas, como saben, camuflada de academia para artistas marciales de la que entraban niños y salían bestias pardas perfectamente capacitadas para dejarse la piel en la interpretación, las artes marciales, la ópera china o lo que se terciara. Diez años pasó allí Chan bajo la tutela de Yu Jim-yuen, un anciano sádico que dejó marcados a todos los tiernos infantes que pasaban bajo sus garras. Si quieren hacerse una idea de cómo era aquello, con la tortura física y psicológica como perfecto aliento para convertir a los niños en actores de primera, acudan a Painted Faces, el amargo recuerdo de aquellos días que firmó Samo Hung, otro de los más destacados alumnos del profesor. Tienen otro modo de hacerse una idea: piensen en todas las películas de maestros sádicos de artes marciales, convencidos de que la kata con sangre entra. El primero fue el Maestro Borracho de El Mono Borracho en el Ojo del Tigre, inspirado según el propio Chan en Yu Jim-yuen, y todos los posteriores se modelaron a su imagen, así que háganse cargo.

Curtidos y repletos de moratones, Chan y trece alumnos más formaron el grupo de coros y danzas Siete Pequeñas Fortunas (siete sobre el escenario, siete echando una mano entre bambalinas), con los que protagonizó varios espectáculos de variedades. Cuando en los años sesenta la ópera china perdió terreno en los gustos del público frente al cine, los pequeños actores fueron, poco a poco, deslizándose hacia una carrera interpretativa, como secundarios en películas de artes marciales que, poco a poco, y gracias a la influencia de Bruce Lee y a la a veces ninguneada última ola de delirante cine de kung fu clásico, también empezaban a mutar y a dejar de ser simples espectáculos teatrales trucados y filmados.

Irónica o simbólicamente (según lo dados que sean ustedes a las ironías o a los simbolismos), en su primera película Chan fue némesis en la sombra de Bruce Lee. Fue en Furia Oriental: además de recibir uno de los letales retortijones de pescuezo del Pequeño Dragón, también dobló al villano, Mr. Suzuki, en las secuencias de riesgo. Desde ahí, abundantes películas como secundario o de tercera categoría. Destaquemos, pero no mucho, La Mano de la Muerte (Hand of Death, 1975), que ha sido rescatada del olvido por haber sido dirigida por un jovencísimo John Woo, y también Young Tiger of Canton, una inanidad producida a principios de los setenta y remontada y reestrenada unos años después bajo el título La Furia de Jackie (Master with Cracked Fingers, 1979), cuando Chan se convirtió en la nueva estrella del cine de género. El responsable de esa insensatez remontadora fue Lo Wei, uno de los nombres propios más detestados del cine de acción de Hong Kong, y uno de los protagonistas de nuestro inminente análisis de la primera película con el sello inconfundible de Jackie Chan: Shaolin Kung-Fu (Snake and Crane Arts of Shaolin, 1978). Mañana mismo.

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