Donde Viven los Monstruos


Where the Wild Things Are
Spike Jonze
2009

Cuando Nacho Vigalondo tuvo ocasión de ver en un pase de prensa Donde Viven los Monstruos, supo exactamente qué contarme para ponerme los dientes largos, porque me conoce bien: «no tiene moraleja». Lo cual es rigurosamente cierto: la película de Spike Jonze va de un niño, Max (Max Records) que se escapa de casa, encuentra una tierra llena de monstruos a los que lidera, domestica y encabrita, vuelve a su hogar y se reencuentra con su madre, que le abraza y le da de cenar. Si acaso, la moraleja puede ser «haz lo que te dé la gana, tu madre te va a querer igual», un mensaje precioso pero nada constructivo.

Pero que la película no tenga moraleja no quiere decir, como he leído por ahí a algún despistado, que no cuente nada. De hecho, de lo que habla es de su propia carencia de moraleja. Como cualquier otra obra de Spike Jonze (que repaso someramente por acá), desde los videoclips para los Beastie Boys a Cómo ser John Malkovich o El Ladrón de Orquídeas, pasando por las zonas más reflexivas de Jackass, Donde Viven los Monstruos habla, en una sección muy concreta de su discurso, de las necesidades y las carencias de la narración, y en este caso, de la narrativa para niños. Habrá niños contagiados por la memez de la edad madura que encuentren aburrida la película de Jonze porque necesiten el soniquete inconsciente de una trama secundaria o una voz en off que deletree las enseñanzas, pero más de un niño quedará encantado, para horror de sus padres, con la simple visión de un monstruo peludo lanzándose en plancha sobre un crío que está, como su contrapartida al otro lado de la pantalla viviendo la fantasía más demencial y agresiva de su vida. Ese es el atrevimiento narrativo de Donde Viven los Monstruos, en ese sentido su fidelidad al soberbio cuento original de Maurice Sendak es total, y es el que a mí me ha impactado, incluso más que la delicada ambientación onírica de sus imágenes, que su perverso sentido del humor o que la honesta pretensión, tan honesta como en Jackass, de no esconder cartas en la manga a la hora de mostrar, pura y sin adulteraciones, diversión y fantasía en estado puro.

5 comentarios

  1. La fidelidad al cuento no es tanta. Alvy dijo una cosa maravillosa sobre el cuento: “el cuento iba de jugar y tener hambre de comida caliente, una relación sutil”. Es una pelea entre los DESEOS (el juego) y las NECESIDADES (comer) que la película pues… no va de eso. Max no vuelve a casa ni por miedo ni por necesidad, y creo que eso es lo que me falla en la película: que la azarosidad de las decisiones puede ser comprensible como retrato de la infancia, y desde luego acierta de pleno en ese campo, pero no estoy tan seguro de que como ficción funciona igualmente. Creo que ahí enlazo con su reflexión y digo que aquí el Jonze documentalista le ha ganado la batalla al Jonze fantasioso, y no es algo ni bueno ni malo de por sí, pero es, digamos, “desequilibrado”.

  2. Vengo de verla con Zito, Frunk y Leguineche. Mi punto de vista era muy simple: el crío es un hijo de puta, y la moraleja es ésa misma: “no hay consecuencias, la oxitocina hace que tu madre no te reviente la cara. Le has jodido la vida a los monstruos y te has largado porque quieres sopa, y es un ANTI viaje iniciático: no has aprendido nada y no te pasa nada”. Con una trampa acojonante: omitir a la hermana del clímax que, seguramente, le habría castrado con unos alicates.

    Es decir, es una peli para indies que malcrían a sus hijos. Una peli cojonuda para chavales, pero un tumor para padres, considerando que la literatura infantil se elige para enseñanzas morales, sea Spider-Man o un grimoso Andersen.

    Yo no he parado de pensar en El Señor de las Moscas desde que aparece el primer retazo de lado oscuro del puto crío, ese Calvin cabrón que, en cualquier otra historia, estaría ultramedicado. La moraleja segunda es para adultos: vasectomía. Ya he pedido cita.

  3. Y esos créditos, “A MAX RECORDS MOVIE”, que son pintadas en la pared de la celda de un hospital mental son la antesala del lado oscuro que advierte Kun: la primera secuencia de la peli es la de Max gritando como un poseso tras su perro con un tenedor en la mano. O con un cuchillo, no recuerdo.

  4. A mi la primera imagen con el perro me dejó helado. HELADO. Creo que la primera parte está tan bien (Quiero decir hasta que empezamos a ver directamente a través de la mente de Max y su fantasía) que la otra parte hasta me supo un poco a menos.

    No recordaba lo de “A Max Records Movie”, pero ya dice bastante de que estamos ante una fantasía de la subjetividad y que la cosa no va de que ningún niño vaya a ningún sitio con ningunos monstruos.

    Tampoco me dió la sensación de que las pintadas fueran un rollo “hospital” sino un rollo crío. Y tampoco me parece que el chaval haga nada especialmente terrible ni que sea para medicarlo (Otra cosa es que más de dos y más de tres le darían lo que fuera para que estuviera tranquilito, pero vamos, yo solo lo veo levemente asilvestrado)

    La referencia a Calvin y Hobbes es muy acertada, creo.

    En cuanto a las motivaciones de su vuelta, que efectivamente en el libro tienen relación directa con el hambre, en la película tienes el momento íntimo en el que la monstrua, que para mi representa (al menos en ese momento porque creo que las identificaciones van cambiando) a su madre, se lo come y tienen la conversación entre los dos, que es el único momento de cierta empatía con el otro como otro. Porque las otras veces la empatía es porque los demás le recuerdan a él mismo (Que si no me hacen caso, que si no entiendo a los amigos de mis amigos, etc.)

  5. No sé. A mí me da la impresión de que el niño vuelve porque se ve reflejado en Carol, y en el resto de monstruos volátiles, y se da cuenta de que es puto crío caprichoso. Percibe que su madre está bien jodida y que él no sólo no hace nada para ayudarla, sino que la putea al máximo. Quizás me equivoque, pero en este caso, el cuento tendría moralina.

    Los montruos son tan crueles y tiernos como el niño, pero enormes y peludos.

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