Los archivos de Tones: 10 gimmicks de agárrate y no te menees

(Venga, compliquémoslo todo un poco más. A partir de hoy, los fines de semana propongo rebuscar en mis archivos y recuperar textos publicados hace un millón de años que, aunque puedan estar caducos o pasados de moda, quizás ustedes les encuentren algún interés. Hoy, este repaso a los gimmicks más importantes de la historia del cine, publicado por la revista H en el año 2003 con motivo del estreno de Spy Kids 3d)

10 GIMMICKS DE AGÁRRATE Y NO TE MENEES

En un sentido amplio, un gimmick es un truco. En el algo más estricto margen de la cultura popular más arrastrada, es una característica extracinematográfica que intenta hacer más vívida la experiencia del espectador.

Los resultados suelen ser chapuzas inolvidables, pero que han convertido en clásicos de tercera categoría a las películas que se atrevieron a experimentar con ellos. Dentro de treinta años, por este motivo, seguiremos hablando de Spy Kids 3D, cosa de la que quizás no pueda presumir Salvar al soldado Ryan. Los gimmicks forman parte de una especie de barata justicia poética que devuelve al cine a su lugar de origen: las barracas de feria. Del mismo modo que el gore hace que el cine de terror recupere momentáneamente sus olvidadas raíces en el grand-guignol de principios de siglo, los gimmicks lanzan al espectador un escupitajo sin domesticar que nos recuerda que el cine, antes que un arte, una justificación intelectual para ligar o una manera bastante idiota de ganarse la vida, era un truco de magia. Aquí hay unos cuantos ejemplos.

Wicked, Wicked (1973)
Gimmick: Duo Vision

Pasen y vean: La publicidad de la película no engañaba a nadie: «Vea al cazador, vea a la presa… ¡al mismo tiempo!» Una película de psicópata que, a diferencia del mucho más sensato Brian De PalmaDe Palma como modelo de sensatez!), que ya experimentó con la pantalla partida, jugó a ofrecer la perspectiva de asesino y víctima a la vez… durante todo el metraje.
Resultados: Estrabismo galopante y jaquecas legendarias como mínimo. De Richard L. Bare, productor, director y guionista de la película, nunca más se supo, y el Duo Vision quedó tristemente olvidado. Una pena: imaginen su aplicación en el porno.

House on Haunted Hill (1959)
Gimmick: Emergo

Pasen y vean: El inagotable William Castle decidió, para su película más conocida, emplear su gimmick más pedrestre: un esqueleto de goma sujeto con hilo de pescar que se lanzaba (emergía) sobre el público en el momento más terrorífico de la película, cuando Vincent Price intentaba matar de miedo a su esposa con un esqueleto falso.
Resultados: A partir de su segundo día de exhibición, la película agotaba sus entradas pase tras pase. La mayoría de los espectadores eran niños, que llegaban incluso a dispararle al esqueleto de coña. El remake no tenía gimmick, pero lanzaba al espectador curiosas reflexiones acerca de la naturaleza de la ficción y sus trucos.

13 Ghosts
Gimmick: Ghost Viewer

Pasen y vean: Técnicamente sencillísimo pero de resultados muy curiosos, este gimmick consistía en unas gafas similares a las de tres dimensiones con las que se podían ver a los trece fantasmas del título rondando en una mansión encantada. Como en el simpático remake de (nuevamente sin gimmick, demonios), cada uno de los fantasmas tenía sus características especiales.
Resultados: En realidad la mecánica era de traca, pero funcionaba. Como siempre, Castle jugaba a provocar a sus espectadores, y desafiaba a los más valientes a contemplar a los (cutres) fantasmas sin padecer una crisis nerviosa o similar.

The Incredibly Strange Creatures Who Stopped Living and Became Crazy Mixed-Up Zombies (1964)
Gimmick: Hallucinogenic Hypnovision

Pasen y vean: Por si la película no fuera suficientemente rara –un musical zombi-, incluía una secuencia en la que la gitana Estrella intenta volver tarumba al espectador con la típica espiral hipnótica. Por si fuera poco, actores disfrazados de monstruos irrumpían dando alaridos entre las butacas.
Resultados: No se conoce a nadie que haya acabado bajo el influjo de Estrella y convertido en zombi desembarullado. Pero la espiral del mal es homenajeada cariñosamente por Bigas Luna en la rarísima Angustia

Polyester
Gimmick: Odorama

Pasen y vean: Versión John Waters de clásicos gimmicks apestosos como el Smell-O-Vision, en los que gracias a unos tubos instalados en las butacas que despedían perfumes, los espectadores podían disfrutar de olores de flores, tabaco o comida. John Waters concibió unas tarjetas con olores impregnados, con unos números que había que rascar según lo indicara la pantalla. Los olores, por supuesto, eran de índole mucho más corporal. Imaginen.
Resultados: Nunca Divine estuvo más cerca de su público. La edición en DVD de la película (en programa doble con Pink Flamingos) incluye una tarjeta flamante y lista para olfatear.

Terror in Haunted House
Gimmick: Psychorama
Pasen y vean: Idea de un loco, sin duda: a lo largo de una muy mediocre peliculilla sobre casas encantadas, se intercalaban flashes subliminales con palabras como «Death» o «Blood» o imágenes de serpientes e insectos, adelantándose a los caretos pintarrajeados que erizaban el vello en las secuencias oníricas de El Exorcista
Resultados: Nadie enloqueció, en principio (al menos no por culpa de los mensajes subliminales), pero si el efecto se empleara hoy día, estaríamos leyendo inacabables ensayos acerca del poder evocador de las imágenes conflictivas en momentos estratégicos de las obras de ficción. O algo.

Macabre (1958)
Gimmick: Seguro contra muerte por ataque de pánico

Pasen y vean: Cualquier persona del público que entraba a ver esta película de William Castle, absolutamente incapacitada para matar de miedo a nadie, firmaba un papel con un seguro de vida por 5.000 dólares. Eran otros tiempos, qué duda cabe. Castle completó el numerito disfrazando a personal del cine de enfermeros que vigilaban al público por si alguien necesitaba primeros auxilios, o llegando a los estrenos en un coche fúnebre.
Resultados: Que se sepa, nadie llegó a cobrar el seguro. Por otra parte, la película costó 90.000 dólares y recaudó cinco millones.

The Tingler (1959)
Gimmick: Percepto

Pasen y vean: La mejor película de Castle es también la que posee un gimmick más radical: en determinados cines, un pequeño ingenio atizaba descargas eléctricas en el trasero de los espectadores. Vincent Price descubre una criatura alojada en las columnas vertebrales humanas que puede matar de miedo si no descargamos la tensión del pánico con un grito. A partir de semejante argumento, Castle propone una de las reflexiones sobre el poder de la ficción y sus límites más cautivadoras de la historia del cine de bajo presupuesto.
Resultados: The Tingler es aún recordada como un clásico de la serie sub-B. Sin trampa ni cartón. Aunque daría mi meñique por ver la película dudando de si en algún momento voy a recibir un calambrazo en el culo.

Carne para Frankenstein (1974)
Gimmick: 3D

Pasen y vean: Más pop art que un gimmick vuelto del revés, imposible, debió pensar Andy Warhol cuando se lanzó a producir este delirio y la también enfermísima Sangre para Drácula. Udo Kier es el barón, decidido a crear una raza de superhombres en un plan que incluye, obviamente, incesto y necrofilia. Las tres dimensiones fueron adecuadamente pervertidas al ser usadas para poner sobre las cabezas de los espectadores unas cuantas vísceras chorreantes.
Resultados: La gente de bien escandalizada, Warhol frotándose las manos, y yo deseando que salga a la venta una edición en DVD que respete el efecto tridimensional.

Spy Kids 3D (2003)
Gimmick: 3D

Pasen y vean: Uno de los escasísimos auteurs que trabajan dentro de los restrictivos márgenes de la maquinaria hollywoodiense planteó esta tercera parte como conclusión de su excelente serie de aventuras familiares sobre espías infantiles. Los protagonistas se introducen en un videojuego y bucean en un mundo virtual que el espectador podrá contemplar en tres dimensiones de las de toda la vida.
Resultados: Es la primera película en tres dimensiones estrenada por un gran estudio desde la sexta entrega de Pesadilla en Elm Street y, dicen, los efectos son resultones y contundentes. Tenía que ser Robert Rodríguez.

Y uno de propina:
Matinée (1992): Uno de los mejores largometrajes de un Joe Dante en plena forma, que cuenta las peripecias financieras de Lawrence Woolsey (John Goodman), un claro trasunto de William Castle (con unas gotitas de Roger Corman para afilar el retrato). Woolsey intenta estrenar en un pequeño pueblo norteamericano en los años cincuenta, en plena paranoia atómica, una película de serie B sobre monstruos radioactivos, Mant (o Hombriga). Buena parte de los gimmicks descritos en este artículo están aquí: los asientos zumbadores, los actores disfrazados de monstruos, el seguro falso… Un retrato de una época irrepetible y toda una declaración de amor al cine de bajo presupuesto.

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