Surfing on the Third Wave

Surfing on the Third Wave
Míguel Ángel Martín
Diversas épocas

De todas las historias que componen este dolorosamente caro volumen recopilatorio de las historias que Miguel Ángel Martín publicó en El Víbora, me ha llamado la atención poderosamente una que no pertenece al tronco principal de capítulos de Surfing on the Third Wave, sino a las historias autoconclusivas que aparecieron en números especiales de la difunta revista. Se trata de Neuro World, una concisa narración de ocho páginas, mucho menos discursiva de lo habitual en las historias de Martín, y que cuenta cómo una chica deambula por la típica ciudad futurista del autor, encontrándose referencias al sexo excesivo y violento en todos los estímulos que recibe, con su consiguiente desesperación. La última página, absolutamente redonda, es una conversación con su último amante, un despreocupado chaval que le ha hecho imaginar todo lo anterior para que se haga cargo de cómo es un mundo en el que todo lo que vomitan radios, televisores y seres humanos es ofensivo, idiota y denigrante. Así es para este chico y, suponemos, así es para Míguel Ángel Martín: fútbol, reality shows, cine y música mainstream… esa basura es para cualquiera con algo de higiene mental tan ofensivo como una descarga continua de sexo coprófilo allá donde mires. Así que menos llantos, parece decir Martín. De una manera tan sencilla, sin necesidad de renunciar a sus constantes habituales, sin necesidad tampoco de tratar como un idiota a ninguno de sus lectores, el autor se posiciona claramente con respecto a su obra y deja bien claro que no podría importarle menos lo que pensemos de su complejo y poliédrico mundo de ficción.

Esta inteligente y rebelde visión del tebeo como medio corrosivo y capaz de remover conciencias vertebra todo Surfing on the Third Wave, dividida en pequeñas cápsulas que desbordan sexo frío, sentimientos robóticos y diseño extremo. Capaz de articular constantes mensajes de rebeldía social activa y pasiva tan rotundos e inteligentes como el descrito más arriba, el consumo de Surfing on the Third Wave supone bastante más que un posicionamiento estético. Es una cuestión de higiene mental.

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Una respuesta

  1. Precisamente es la historieta que Fernandez Porta destaca en Homo Sampler.

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