Mum & Dad

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Mum & Dad
2008
Steven Sheil

Percibo (y compruebo con un par de lecturas internáuticas) que Mum & Dad tiene matices muy británicos que se pueden escapar al espectador no residente en la zona. Desde guiños muy específicos al aeropuerto de Heathrow, donde trabaja la protagonista, a parodias de tipologías propias de familia obrera británica, que se entienden perfectamente pero no se comprenden en toda su magnitud. Por suerte, nada de eso importa, porque el alcance de Mum & Dad va mucho más allá de un par de sangrantes ironías acerca de las clases bajas británicas o collejas a personajes de culebrones vespertinos.

No tengo ningún interés en averiguar por qué el concepto de familia siempre me ha inquietado y resultado, de algún modo muy suave y nada problemático, antinatural. No tengo ni dramas domésticos ni esqueletos en los armarios del hogar paterno, aunque supongo que la ausencia de hermanos hace mucho por aumentar la cantidad de tiempo libre que se invierte pensando en la gente con la que se vive por algo lejano a una elección meditada y voluntaria. Mum & Dad me recordó, en sus mejores momentos, a esos pensamientos fortuítos, y con ello conecta, con un tono bien distinto en su puesta en escena pero no en su discurso, con la magistral Parents de Bob Balaban. Porque los mejores momentos de Mum & Dad (en la que una chica, Lena –Olga Fedori– es raptada y torturada por una familia disfuncional formada por Dad –Perry Benson-, Mum –Dido Miles– y los hijos Birdie –Ainsley Howard– y el mudo Elbie –Toby Alexander-) no son los de tortura física, sino aquellos en los que Dad usa las frases comodín de la paternidad. Esta es mi casa y se vive según mis reglas. Estás intentando ponerme en ridículo delante de mis amigos. Yo me rompo la espalda por vosotros y así es como me lo agradeces. O cuando Mum se comporta como una madraza desviada, perversa y perfectamente convencional. No hagas enfadar a tu padre. Esto me duele más a mí que a ti.

La película completa, de hecho, es un continuo «Esto me duele más a mí que a ti». En una casa donde reina el incesto, el odio y el trauma, Lena no es precisamente la que acaba más dañada. Literalizándose lo de los esqueletos en el armario que señalaba más arriba, lo más aterrador de Mum & Dad no es cuando su disparatado argumento, lleno de humor caustico y horror puro, se distancia de la realidad, sino cuando sus líneas de diálogo más certeras suenan a oídas mil veces.

En casa.

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