Grace

grace

Grace
2009
Paul Solet

Aunque se haya explotado en películas de horror de todo tipo, la feminidad en general (¡Carrie! ¡Rabia! ¡el propio concepto de scream queen o de vampiresa!) y la fertilidad feminina en particular (pienso en Baby Horror y en Estoy Vivo como casos más claros, aunque si entramos en materia alienígena e intersexual podemos perdernos en productos tan definitivamente extraños como la mayoría de secuelas de Alien) son terreno abonado para pesadillas de todo tipo. Es lo más natural del mundo: aunque la reproducción nos liga, en un tripazo por el túnel del tiempo, con nuestros ancestros más remotos, sigue siendo un proceso doloroso, sangriento, primitivo y brutal. Quizás el único momento de la vida de una mujer que no hemos sido capaces de domesticar.

Cuando Paul Solet, director y guionista de Grace a partir de un cortometraje de argumento prácticamente idéntico, muestra algo tan sencillo como el brutal impacto que un parto tiene en la vida de la madre, Grace discurre sincera y desarmantemente sencilla. Solet no tiene que complicarse demasiado la vida, apenas mostrando diálogos y sin introducir monstruosidades o extravagancias en la trama. Simplemente, a la muda e intuitiva relación que hay entre una madre y su bebé se le intruduce un pequeñísimo elemento disuptor y… bum. Grace se convierte en la crónica torturada, enfermiza y obsesiva del descenso a la locura de alguien que lo único que quiere es que su bebé esté bien.

El bebé de Madeline (Jordan Ladd) no puede estar bien, de todos modos, porque tiene sed de sangre. La pequeña Grace llora y llora porque ningún alimento que le proporciona su madre es capaz de saciar su necesidad. Y Madeline va consumiéndose poco a poco, porque está unida a su hija de un modo que nadie puede comprender después de haber presenciado un milagro único: tras un accidente que acabó con la vida de su marido y, aparentemente, de la propia Grace, decidió expulsar el cadáver de su cuerpo de forma natural, pero inesperadamente, una vez estuvo entre sus brazos, Grace volvió a la vida. La niña tiene algunos problemas, claro: atrae a las moscas, le aparecen heridas en la piel, se alimenta de sangre… pero como en el precedente chusco de esta Grace, la brutal Baby Blood, una madre es una madre hasta el último momento.

Grace sabe que tiene un material entre manos que no solo es impactante e incómodo, sino que pulsa teclas del subconsciente que nos nos gusta ver presionadas. Los laberínticos conceptos acerca de teorías feministas de todo tipo, partos naturales, vegetarianismo contradictorio, la necesidad o no de la medicina en aspectos de nuestra vida que llevan siglos sin evolucionar, son un colchón simbólico para que Solet le dé vueltas a un concepto que, desnudo y gritón, ya es suficientemente inquietante: la relación ultranatural de una madre con su hija y la inocencia corrupta de un bebé que antes de aprender a andar ya está erradicando y traumatizando las vidas de quienes le rodean. Por mucho que me guste la palabrería de perversidades new age y me atraigan las historias paralelas al nacimiento de Grace (en especial el inquietante y simbólico personaje de la suegra de Madeline), Solet flojea un poco cuando intenta dar un transfondo lógico a algo que solo es un icono del miedo puro y descarnado. A Grace no le habría sentado mal algo más aún de abstracción y furia en estado puro, pero no me voy a quejar: una película en la que hay una imagen de perversidad primordial, pura y angustiosa cada pocos minutos es un regalo que no estamos como para andar despreciando.

2 comentarios

  1. Parece que nos hayamos intercambiado los roles… Yo no vi esa sensibilidad, y si un retrato de lo obsesivo. La madre, la suegra, la comadrona lesbiana: todas se mueven por su fijación. Grace es el fruto de todo eso, y no debería estar viva.

    Y Baby Blood no era chusca. ¡Que le arreo!

  2. Hombre, Baby Blood chusca era un rato. Era una obra maestra… jodidamente chusca!!

    Por si no ha quedado suficientemente claro, Grace me ha gustado mucho. Yo habría quitado paja para reforzar la relación enfermiza entre madre e hija, que te llega a hacer creer si no será todo una flipación de la señora, pero me ha gustado mucho, vaya que sí.

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