Clive Barker’s Seduth

Seduth.10.3D

Clive Barker’s Seduth
2009
Clive Barker / Chris Monfette, Gabriel Rodríguez

Reconozco sin ningún tipo de complejos que la primera página de este experimento de Clive Barker me cayó encima como una tonelada de alcayatas oxidadas: la cara de un cadáver en avanzado estado de putrefacción, simulando una fotografía pegada a un álbum por el que pasean larvas y moscas. Y el impacto llegó por la inesperada perfección del efecto 3D (obra de Ray Zone), el tradicional de gafas rojas y azules, pero empleado como pocas veces he visto. Para empezar, apenas se detectan trazos dobles o líneas borrosas: todo está perfectamente nítido y posee varios niveles de profundidad, más similar a un libro de pop-up que a los experimentos lisérgicos en los que tan a menudo caen este tipo de tebeos. Las cuencas vacías de los ojos del cadáver, los cuerpos cilíndricos y viscosos de moscas y larvas, distintos grados de putrefacción… todo un espectáculo de decadencia física que asalta los sentidos del espectador exactamente del modo que pretenden sus autores.

Investigando tras la lectura quién demonios es Ray Zone, descubro que se trata de toda una personalidad de la aplicación de las tres dimensiones a los tebeos. Su nombre real es, sí señores, Ray Zone (se lo cambió legalmente en los ohenta, cuando empezó a focalizar su trabajo en las imágenes rotoscópicas), y ha tridimensionalizado tebeos que van de lo obvio (para compañías infantiles como Nickelodeon o Disney) a lo extravagante (de álbumes de Betty Page a tebeos de Spirit). Quizás su trabajo más popular es Batman 3D, un comic ilustrado por John Byrne que, efectivamente, recuerdo tan espectacular como este Seduth. Aunque el tono, obviamente, es muy distinto.

Clive Barker y Chris Monfette, para sustentar los efectos 3D, desgranan una levísima historia sin pies ni cabeza que hacen bien en denaminar «3D surrealista», ya que todo serpentea por panorámicas de estados cerebrales disparatados. Submundos estúpidos, asesinatos hiperbólicos, alucinaciones para todos los públicos, objetos malditos muy à la Barker en una historia que sabe quedarse en segundo plano para que los dibujos de Gabriel potencien aquello para lo que hemos pagado. Es decir, cristales clavados en ojos y apuntando hacia el espectador, dobles y triples planos con disparates mórbidos sucediendo simultáneamente, splash-pages interdimensionales con suelos ínfimos que cuelgan mientras los monstruos disparan pústulas al lector… Puede que Barker se mueva de un tiempo a esta parte por una tierra de nadie, entre la solemnidad mal entendida y el genuíno escalofrío perverso (ahí está el interesante pero frustrante videojuego Jericho), pero sabe echarse a un lado para darle a sus fans lo que, al final, estamos suplicando. Deidades fálicas, simbología anticrística y descomposición de la realidad en sucesivas capas de chifladura.  Seduth podrá ser una intrascendencia sin más, pero desde luego tiene claro cuál es la mejor forma de intrascender.

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