Jackie Chan (5): El Mono Borracho en el Ojo del Tigre

(Nuevas series en Dosis Mínima. En realidad, un modo de pasar estas Navidades sin sufrimientos ni nuevos huecos en la cadencia diaria. Reimprimo aquí las primeras entregas del repaso a la filmografía de Jackie Chan comenzada en El Focoblog. ¿Lo bueno? Que en El Focoblog me quedé justo en lo mejor, así que para después de Navidad, les esperan algunas de las mejores películas de kung fu de todos los tiempos)

Drunken Master
Yuen Woo-ping
1978

La ansias renovadoras de Drunken Master, ya célebre título original de este El Mono Borracho en el Ojo del Tigre, se notan desde el momento en el que su protagonista es Wong Fei Hung, el célebre artista marcial chino que bien podría ser el personaje más veces encarnado en películas: a la serie clásica de 99 películas protagonizadas por Kwan Tak Hing se suman la serie Érase una Vez en China, Magnificent Butcher, Last Hero in China o esta misma Drunken Master, cuyas intenciones desmitificadoras quedan claras desde el título. En ella se reunieron todos los artífices del éxito La Serpiente a la Sombra del Águila, de ese mismo año (Yuen Woo-ping como director, la Seasonal como productora y Jackie Chan y Simon Yuen como estrellas), y se dedicaron, simplemente, a confirmar que los logros de La Serpiente… no habían sido casuales, y de paso apuntar unas cuantas nuevas direcciones relativas a la mezcla de comedia y artes marciales.

Entre esos elementos que Drunken Master recrea de su precedente está, cómo no, el argumento: un joven dotado para las artes marciales, pero con escasa disciplina, es entrenado por una anciano maestro en una suerte de días de vino y hostias, que le enseña los secretos de una técnica desconocida, con la que el renacido joven puede clamar su superioridad al resto de los estilos. Pero la película pone el acento, como sabemos, en el entrenamiento, con largas (y genuínas) secuencias de castigo físico y dolor extremo que tonifican cuerpo y mente, pero los dejan a la vez hechos un cristo. No es el único punto del argumento de La Serpiente… que se repite: Yuen Woo Ping no puede evitar prescindir de los tópicos del cine de artes marciales clásico, y aquí tenemos al asesino implacable, las venganzas interfamiliares y “mi estilo es más fuerte que el tuyo”. Pero si en La Serpiente… la épica daba paso a lo doméstico, con conflictos de un eco apagado (casi peleas entre borrachos de bar, tal es la escala reducida a la que funcionan), en Drunken Master se acentúa la falta de épica con peleas que se inician por malentendidos tontos, por pequeños hurtos, por nada importante. La intención desmitificadora de Yuen Woo Ping con respecto a Wong Fei Hung es tal que no hay en sus motivaciones ni en el efecto de sus peleas nada que vaya más allá de un chascarrillo de guión. Los estilos de kung fu que nacen y mueren aquí no son nada para nadie, las peleas no solucionan nada, no van a ninguna parte, las motivaciones son espúreas y esquemáticas. Drunken Master desnuda de toda pretensión heroica a sus personajes, y por eso la película, en su esquelética falta de apego por los excesos, funciona perfectamente coherente en cuanto a intenciones y resultados: no es más que la epopeya personal e intransferible de un joven que quiere ser el mejor (y poca broma: se convirtió en El Último Gran Héroe Chino), sin repercusiones de ningún tipo (el villano, por ejemplo, desaparece tras el prólogo y no reaparece hasta pasada la mitad de la película), pero… menuda epopeya.

Y por eso, el ritmo narrativo de la película no lo imponen las peleas, sino los entrenamientos. Como sugiriendo que un potencial para el combate suprahumano como el de Wong Fei Hung no está al alcance de cualquiera, las torturas campestres del viejo borracho y su sufriente aprendiz se convierten en la dinamo de músculo y sangre que hace funcionar toda la película. Los resultados de tanto dolor son las katas de los dioses borrachos, un espectáculo de grotesca autoparodia que ubica a la película en un lugar único en la historia del género: culminando un estilo, pero abriendo una puerta. No se puede ir más allá, pero sin embargo, el género se ha liberado de todas las ataduras.

Aunque los grandes logros formales de Drunken Master estaban en La Serpiente…, como hemos visto, este nuevo paso hacia la confirmación de la mezcla de comedia y artes marciales como un género con identidad propia, y no como una mera mezcla de códigos, se da gracias a la inteligente observación de las las aportaciones de su precedente, potenciándolas. Así, se acentúan los combates filmados a corta distancia, con planos medios y renunciando a los circenses y ostentosos planos abiertos propios del cine de kung fu clásico: se potencian los golpes secos y contundentes que disimulan las coreografías, y el dolor ya no es impostado, sino realista o abiertamente paródico. Es decir, se pasa de la épica de cartón-piedra a los movimientos de vodevil, con notable éxito. El empleo de cámara al hombro para planos de angulación extrema refuerzan esta intención de reventar los corsés estéticos y narrativos del cine de la Shaw Brothers. Por eso, cuando el vagabundo borracho dice a Wong, refiriéndose a sus técnicas clásicas «Todo ese kung fu parece un baile» está verbalizando las intenciones de Yuen Woo Ping y Jackie Chan, decididos a transformar el género con golpes más duros y carcajadas más renovadoras que nunca.

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Una respuesta

  1. borracho trepando elRellano…

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